Los contaminantes del aire dejan huella al pasar
Muy especialmente en áreas densamente pobladas, las fachadas se ensucian por deposiciones de arena, polvo y hollín. La «lluvia ácida», una combinación de agua con contaminantes atmosféricos como el dióxido de azufre, es particularmente agresiva porque penetra profundamente en los poros de los muros, causando cambios de color y su descomposición. Las fachadas de textura rústica y de grano grueso presentan una mayor tendencia a ennegrecerse y ensuciarse que las de superficies lisas y finas ya que, en las primeras, la suciedad puede adherirse mejor.

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Además tienden a formarse vetas de suciedad en aquellos lugares donde el agua de lluvia no puede discurrir libremente, por ejemplo debajo de cornisas, viseras, alféizares, balcones y todo tipo de salientes de las fachadas. Otros factores que influyen en el ensuciamiento de la fachada son la altura del edificio y la inclinación vertical de la fachada.